Las estrellas de la cueva Glowworm en Nueva Zelanda
Nueva Zelanda es un destino que sobrecoge con sus infinitos paisajes, sus eternas puestas de sol, seductoras playas y sus ríos vertiginosos. Es un viaje que se vuelve imprescindible y que asegura diversión, no sólo por el estilo de vida de surfista bronceado con el que todos relacionamos a este soleado país, sino también por el acercamiento a su rica cultura, las experiencia de una gastronomía exótica y recorridos inusuales a través de parajes misteriosos y ocultos en la oscuridad, como los realizados en la visita a las fabulosas Cuevas de Waitomo.
Al leer "cuevas" seguro los más amantes y fanáticos de la espeleología estarán aprontando ya las maletas, pero descuida, este destino lo disfrutarás aún si saber la diferencia entre una estalactita y una estalagmita.
Se trata de un sistema de cuevas que se encuentran en “la isla norte” a 2 horas al sur de Auckland, 2 horas al oeste de Rotorua o 1 hora al sur de Hamilton. Básicamente es un conjunto de cuevas de roca calcárea, originadas hace unos 30 millones de años, compuestas por diferentes restos fósiles como corales, conchas, y esqueletos de peces.
Se encuentran abiertas al público desde el año 1888. Destacan por sus increíbles formaciones geológicas, pasadizos y laberintos, la gruta de Arauni y la Ruakari, pero la que sin duda sobresale es la cueva de Glowworm , la cual cuenta con la particularidad de regalar un espectáculo “estelar”.
El viaje por Glowworm, comienza en el área denominada como "La catedral", famosa por su impresionante acústica. Ha sido escenario de geniales espectáculos a manos de artistas famosos.

Y para finalizar el recorrido, te subirás a un apacible viaje en bote, e irás navegando con sigilo en sus lagos subterráneos para llegar hasta un "carnaval de luces" sólo comparado con aquellas que nos guían en el firmamento.

Mientras vas ingresando a través del lago podrás ver acercándose, en medio de toda la oscuridad techos abovedados e irregulares, cubiertos por cientos de hilos brillantes dorados, verdes y azules, entrelazados como telarañas, asemejando el cielo más profundo en una noche estrellada. Cientos de constelaciones indescifrables te cautivarán mientras permaneces en silencio, no sólo porque está prohibido hacer ruido, más bien, porque ninguna palabra puede describir con exactitud la sensación de ser testigo de un espectáculo tan soberbio.

¿Melancolía?, ¿Exaltación?, ¿Magia?, ¿Incredulidad?, quizás una combinación de estas percepciones y emociones, o tal vez un sentimiento en concreto para el cual no se ha inventado aún el término exacto y apropiado.

Este espectáculo inusual y hechizante se lo debemos a un gusano luminoso que habita ahí llamado Arachnocampa luminosa, el cuál usa cientos de “sedas” brillantes para atraer a su presa. Y no podemos culpar a las inocentes víctimas… ¿Quién podría evitar sentirse atrapado ante semejante visión?

Las visitas son realizadas diariamente cada media hora, entre las 9:00 am y las 5:00 pm, y duran aproximadamente unos 45 minutos. Tiempo suficiente para perder el habla ante esta maravilla natural.
Una experiencia indudablemente necesaria, imperdible y porque no decirlo, impostergable. Un espectáculo que no verás seguido, ¿Cuántos destinos te ofrecen acercarte a las estrellas dentro de una cueva milenaria?



0 ComentariosComentar