La majestuosa Basílica de Lujan

Narra la antigua tradición cristiana local que una carreta tirada por bueyes portaba una imagen de la Vírgen de Lujan y la transportaba hacia la capital argentina, cuando en un paraje campestre, cruzando el actual Río Lujan las bestias se detuvieron sin razón alguna y no se pudo hacer mover el carruaje hasta que no bajaron allí la imagen.
Movidos por un acto de fe, los cristianos dejaron allí a la Virgen y en ese sitio se erigió la majestuosa Basílica de Lujan, con un estilo barroco que la pone en franca competencia con la Catedral de Notre Dame y con otras construcciones contemporáneas.
El estilo gótico, cargado de detalles se eleva en la planicie tomando la forma de dos picos coronados por cruces y un tercer pico menor ubicado sobre otra parte del edificio, lo que a la simple vista o incluso al verla desde la distancia resulta imponente.
Su interior es aún más bello que su fachada y los decorados ornamentales tanto de la yesería como los mobiliarios trabajados en madera realzan su esplendor.
Para llegar allí desde la capital de la Argentina, Buenos Aires, tomé el tren de la línea Sarmiento que parte desde la Estación Plaza Once ubicada en el centro porteño y pasa por allí comunicando las poblaciones campesinas más alejadas de la provincia.
Al llegar, uno se encuentra con una pequeña ciudad a orillas del Río Lujan que se muestra tranquila, casi detenida en el tiempo, pero que por la tarde cobra vida en el predio cercano a la Basílica, colmándose el playón frontal de puestos de artesanos que ofrecen a los visitantes un grato recuerdo del lugar.
Cientos de miles de personas visitan cada año este místico lugar en agradecimiento por promesas cumplidas o para realizar peticiones basadas en una gran muestra de fe realizando incluso largas caminatas desde la capital de la provincia o desde pueblos cercanos.
Como destino es muy recomendable, sobre todo para aquellas personas que disfrutan al visitar lugares relacionados con la fe y la religión.


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