Alaska, la tierra del sol de medianoche.

En un vuelo que podrá partir de alguna ciudad de Estados Unidos o hasta candiense llegaremos a la ciudad de Anchrage, la principal del estado, aunque si disponemos de tiempo podremos tomar un ferry desde la ciudad canadiense de Vancouver y hacer un viaje muy bello bordeando las islas que estána un lado del continente. Sea como sea que lleguemos a Alaska, este lugar nos encantará.
Si bien lo primero será hospedarnos en un hotel o albergue (estos últimos son más íntimos y familiares) la gran parte de la atracción de estas tierras es el paisaje y la naturaleza fuera de la ciudad. Alaska significa tierra grande, pero tal vez debería significar tierra fría, y es que este destino no es recomendable para los que sufren con las bajas temperaturas pues siempre hay un viento helado que recorre estas tierras.
A las afueras de la ciudad y en distintos tours (con o sin guías) el turista puede disfutar de todo tipo de aventuras típicas de una región llena de nieve y glaciares. Aquí hay posibilidades para todos, para quienes buscan adrenalina y aventuras y también para quienes buscan relax en paisajes majestuosos.

El deporte y Alaska van siempre de la mano. Cerca de la ciudad se puede practicar el senderismo que nos lleva por caminos con vistas maravillosas en las montañas que rodean al pueblo. Más lejos, excursiones por los diversos parquen nacionales nos permitirá observar animales en su estado salvaje, en su habitat natural. Osos y alces nos sorprenderán, así como águilas inmensas y en las costas podremos observar a las ballenas.
La tierra salvaje que es Alaska también se presta para los deportes. El esquí y el viaje en trineo son prácticas muy difundidas por estas tierras. El pasado cultural de los esquimales conlleva una fuerte tradición de trineos y travesías en la nieve. También en el mar podremos viajar en canoa o kaiacking en alguno de los tantos lagos.
Para quines buscan reláx, una buena comida en la cima de un glaciar no será mala idea, ni tampoco lo será disfrutar de una rica taza de cocolate caliente viendo un paisaje de montañas y bosque a través de la ventana de un café, o sumergidos en un jacuzzi de algún spa.
La particularidad de los días en Alaska nos sorprederá y les garantizo que os costará acostumbrarse al horario y acomodar su sueño. Durante el verano los días llegan a durar 22 horas y ten solo oscurese (apenas lo hace) durante un par de horas al día. Por el contrario, en el invierno las noches son tan largas como los días del verano. Esta diferencia de tiempos nos resultará algo incómoda pues tanto dormir de día como vivir de noche es bastante extraño. Como “recompensa” podremos disfurtar de las luces de la aurora boreal, un espectáculo único que nos regala la naturaleza nórdica.
Alaska, la tierra que ve el sol a la medianoche cada invierno, es una región que permanece virgen y salvaje y que entre sus fríos polares nos regala paisajes inmensos llenos de magia y color.

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